el límite infinito del sueño difuso


Es tarde. Hace un día radiante, el cielo está en llamas , me quedaría aquí contemplando el crepúsculo un poco más, pero es tarde, debo irme, clavar mis ojos en el asfalto gris, deambular por mis problemas cotidianos, descifrar esos apuntes tediosos de temática apasionante.Pero vistos así, concentrados en aburridas palabras, en filas lineales, sobre fondo blanco cuadriculado, se les va toda la pasión. Leer cómo es el despertar del amanecer no provoca la misma emoción que verlo con tus ojos( contemplación, emoción, transmición directa del mensaje). Tengo la sensación que buscamos en el suelo l oque queremos encontrar en el cielo, nos han enseñado a mirar al suelo, cabizbajos. El suelo gris no emociona. Las ideas brotan de mi cabeza y fluyen hacia el olvido. He aceptado que el tiempo tiene un límite, el límite de nuestra obstenidad humana, el límite que impone la mirada moribunda de mirar siempre hacia abajo, siempre hacia una sombra.
Pero ya me he cansado, voy a mirar hacia arriba, hacia las estrellas, aunque se ven muy pocas estrellas en la ciudad, quiero salir de mi existencia intrascendente para explorar la grandeza de un universo que no logro ni lograré jamás descifrar, soy demasiado ignorante para eso y demasiado pequeña. Pero ya nunca más mirare tanto este suelo porque el tiempo un día cerrará mis ojos y el límite de mis sueños tiende a infinito.

Ya son altas horas de la madrugada y el pesado sueño  se lleva  mis promesas, que con tanta excitación de mis sentidos y anhelos de mis aspiraciones me propuse llevar a cabo a partir de ahora.A la mañana siguiente estoy lo suficientemente cansada para de nuevo ver mi sombra, o sino mis pies, osino el suelo, o como mucho al frente, pero no busco ni encuentro nada que me satisfaga.

Una realidad tediosa que parece no cambiar nunca, una losa aplastante que, como un agujero negro, ha devorado el alma de las cosas de este mundo, las miradas vidriosas contagian mis ojos, las cosas sin alma no despiertan en mi ninguna excitación, y me doy cuenta , tengo que ver al fin ese amancer rojo al que jamás le he dedicado el tiempo necesario. Olvidarme de mis deberes insulsos, de  poca monta de ser humano, improductivos, cuya única finalidad es mover un poquito más el engranaje de esta rueda absurda que destrozó el alma de las cosas y por eso mismo ya no nos emocionan. Gracias a Dios, esa rueda no ha podido destrozar el alma del universo, si acaso lo ha cubierto con un telón, pero las estrellas siguen ahí. Tras este cielo nocturno sin alma está el universo en toda la grandeza de su esplendor.

Sólo tengo que ser consciente de que más allá de la estupidez cegadora está la verdad reveladora, y soy consciente pero me olvido, tanta necedad me destroza el alma poco a poco.

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